Asertividad europea, la estrategia de Bruselas ante una economía global fragmentada

Las crecientes tensiones geopolíticas están fragmentando la economía global. “Desde la invasión rusa de Ucrania, el crecimiento del comercio entre economías de bloques políticamente alejados se ha desacelerado un 2,4% más que el comercio entre aquellas que están estrechamente alineadas”, ha advertido Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional, en una conferencia reciente. En este contexto, lograr la llamada “autonomía estratégica abierta” se ha vuelto un objetivo clave para la Unión Europea, que apunta a crear resiliencia en sectores especialmente sensibles a las tensiones internacionales, ocasionadas tanto por rivales como por aliados.

“Una prioridad política clave es seguir apoyando el sistema comercial abierto, multilateral y basado en normas, reforzando al mismo tiempo nuestra resiliencia mediante la diversificación de nuestras cadenas de suministro y aumentando nuestras asociaciones internacionales”, declaró recientemente Paschal Donohoe, presidente del Eurogrupo, tras una reunión de los ministros del bloque.

En este contexto, los Veintisiete se replantean sus relaciones económicas y políticas tanto con socios como con rivales. “La autonomía estratégica abierta prevé hacer el mejor uso posible de las oportunidades de nuestra apertura y compromiso global, defendiendo al mismo tiempo asertivamente nuestros intereses, tanto interna como externamente. En esencia, la UE seguirá cooperando con sus socios para impulsar esta agenda positiva, pero trabajará de forma autónoma cuando sea necesario”, explica una portavoz de la Comisión Europea (CE) a CincoDías.

Georgieva aseguró durante una conferencia reciente que en el futuro esta década será recordada como los “turbulentos años veinte”. La jefa del FMI reconoce que la pandemia del coronavirus, las guerras y las tensiones geopolíticas han “cambiado el manual de las relaciones económicas globales”. La líder opina que las autoridades alrededor del planeta ahora buscan lograr un equilibrio entre eficiencia y seguridad, pero también entre costes y resiliencia en las cadenas de suministro.

Los Veintisiete ya han emprendido una estrategia de mitigación de riesgos frente a su dependencia de las importaciones de China, su primer socio comercial, pero también aliada de la Rusia de Putin. “Tras la publicación de las perspectivas estratégicas en abril de 2019, China ha sido considerada simultáneamente un socio para la cooperación y las negociaciones sobre importantes cuestiones globales como el cambio climático; un competidor tecnológico y económico, y un rival sistémico con su propio conjunto de valores, que lo distingue de un modelo europeo democrático”, expresa un informe reciente del Parlamento Europeo.

El documento también plantea que existe una “creciente frustración” europea, ya que Pekín no parece dispuesto a ceder en puntos sustanciales, como el acceso a los mercados y el comercio desequilibrado (la UE tiene un déficit bilateral de 395.000 millones de euros). De hecho, entre los 27 miembros, solo un país (Irlanda) presentaba superávit comercial con China en 2023.

En este contexto, reducir la dependencia de las importaciones es prioridad para Bruselas, particularmente el sector tecnológico y los minerales estratégicos. Para esto, ha implementado normativas como la Ley de Chips, que busca movilizar más de 43.000 millones de euros en inversión pública y privada para elevar su participación en el mercado global de semiconductores del 10% actual al 20%.

En esta línea, la UE también reafirmó el 5 de abril que profundizará la cooperación tecnológica con EE. UU. en campos como inteligencia artificial y la computación cuántica. En el contexto del Consejo de Comercio y Tecnología (TTC) UE-EE. UU., al que asistió el secretario de Estado, Antony Blinken, los aliados declararon su intención de “facilitar el comercio transatlántico y seguir haciendo crecer su asociación económica única” en estos sectores.

El dominio de los minerales estratégicos también es otro factor clave para la UE. Según las últimas estimaciones de la Comisión Europea, el gigante asiático es el origen de alrededor del 60% del galio y el 80% del germanio, que son fundamentales para la industria de los semiconductores. Por medio de la Ley de Minerales Críticos, Bruselas también se ha propuesto disminuir esta dependencia. Asimismo, la UE está trabajando en nuevas alianzas para abastecerse de estos elementos a través de alianzas con proveedores como Uzbekistán, Kazajistán y Namibia.

Otro de los elementos que preocupa a los analistas es el regreso de las políticas aislacionistas a la Casa Blanca. Más allá de la reimposición de las restricciones al comercio, una victoria republicana supondría que Europa tendría dificultades para trabajar con su principal aliado. “Debemos prepararnos para una intensificación de las guerras comerciales si Donald Trump es reelegido. Aunque China seguiría siendo su objetivo clave, las subidas arancelarias se desplegarían mucho más allá”, señaló recientemente Gilles Moëc, economista jefe en Axa Investment Managers.

Desde Axa anticipan que, en una eventual vuelta de Trump al poder, los miembros de la UE se podrían enfrentar a una subida del 10% de los derechos de aduana; un gravamen insoportable para los países más dependientes. “Los envíos alemanes de mercancías a EE. UU. suponen casi el 4% del PIB del país. Si se utiliza la misma elasticidad, una guerra comercial 2.0 podría costar a Alemania directamente el 0,4% del PIB. Esto no pasaría desapercibido en un país que lleva dos años tambaleándose al borde de la recesión”, alerta Moëc.

De forma similar, los expertos consideran que una victoria del magnate podría impactar también en el ámbito fiscal. “Una presidencia de Trump tendría repercusiones a escala mundial; en el actual entorno geopolítico volátil y tras los recientes comentarios del expresidente sobre la OTAN, el riesgo de un mayor gasto fiscal debería extenderse a los países europeos. Esto plantea la posibilidad de una reforma de las normas fiscales en el futuro y apuntaría de nuevo a la necesidad de una mayor prima por plazo en los mercados de deuda pública”, advierte Orla Garvey, gestora sénior de renta fija de Federated Hermes.

Ante este entorno de incertidumbre, la Unión Europea ha cambiado el conservadurismo de las décadas pasadas por una aproximación nueva. Por ejemplo, Bruselas ha asegurado a través de sus canales oficiales que, para lograr la codiciada autonomía estratégica abierta, buscará (entre otras cosas) reformar la Organización Mundial del Comercio (OMC), reforzar la implementación y cumplimiento de los acuerdos comerciales y garantizar la igualdad de condiciones para sus empresas.

La portavoz de la CE confirma que la agenda regional ha dado un giro de “asertividad” para poder navegar de manera “más efectiva” en un momento de tensiones geopolíticas. Según la portavoz, esto ha significado desarrollar nuevas herramientas, pero también utilizar eficazmente las otras que ya existen. Este sería el caso del Marco para el Control de la Inversión Extranjera Directa o del Instrumento Anticoerción (un mecanismo que le permite a la UE responder a las presiones económicas con imposición de aranceles y restricciones al comercio y a la inversión).

Este cambio llega junto a un renovado interés por fortalecer otros ámbitos clave para eliminar la dependencia. Los Veintisiete, por ejemplo, están invirtiendo en reforzar su capacidad en sectores como las baterías, los electrónicos, y los productos vinculados a las energías renovables y a la transición digital. Para esto, la CE ha anunciado que incrementará la inversión de capital y el acceso a la financiación para el desarrollo de los llamados “materiales avanzados” (como el grafeno). Europa destinará 500 millones de euros entre 2025 y 2027 para este fin, y entablará una alianza con Japón para potenciar la investigación y el desarrollo en este campo.

“La Unión Europea es uno de los mayores mercados únicos del mundo y, por tanto, siempre será muy importante para la economía global. Aunque algunos fabricantes europeos están pasando apuros en estos momentos, podemos ver que otras partes de la economía, como los servicios, están funcionando muy bien, y están ayudando a sostener una fuerte demanda en la economía en general. La reconfiguración del comercio mundial presenta oportunidades para nuevas relaciones, y también nuevas inversiones de capital necesarias para trasladar plantas y cambiar capacidades. Europa sigue siendo uno de los mayores exportadores de bienes de equipo, por lo que podría beneficiarse de esta tendencia secular”, explica Azad Zangana, estratega y economista sénior para Europa en Schroders a CincoDías.

El mencionado enfoque ya se está viendo reflejado también en una reducción a nivel regional de las importaciones (que se ve plasmada en la balanza comercial del bloque). Según Eurostat, la zona euro presentó un superávit de 11.400 millones de euros en el comercio de bienes con el resto del mundo en enero de 2024, en comparación con un déficit de 32.600 millones de euros en enero de 2023. Dicho esto, cabe resaltar que el déficit comercial con China se redujo un 35% interanual en el mencionado mes, y que el superávit comercial con Estados Unidos se incrementó en 60% interanual en ese periodo (ver gráfico).

Según Eurostat, este aumento a favor de Europa en la balanza comercial ocurre gracias a un superávit en el sector químico, que junto a la maquinaria y a los vehículos impulsan las exportaciones del Viejo Continente. Esta evolución, sin embargo, se ve compensada por el déficit del sector energético.

En concreto, las exportaciones de bienes de la zona del euro al resto del mundo en enero de 2024 ascendieron a 225.900 millones de euros, un aumento del 1,3% en comparación con enero de 2023 (222.900 millones de euros). Del otro lado, las importaciones procedentes del resto del mundo ascendieron a 214.500 millones de euros, un descenso del 16,1% respecto a enero de 2023 (255.500 millones de euros).

CINCO DÍAS – 16 de abril 2024