El fondo de recuperación encalla en las condiciones exigidas a los beneficiarios

En tres días seguidos de reuniones, los líderes de los Veintisiete se han enfangado con la cantidad del fondo y las exigencias de reformas

Normalmente los jefes de Estado o de Gobierno que vienen a Bruselas para participar en un Consejo Europeo suelen reservar una noche de hotel. En la época en la que el presidente del Consejo era el polaco Donald Tusk se intentó incluso que el trámite se pudiera ventilar en un solo día dejando las cosas lo más preparadas posible con antelación. Sin embargo, nunca se pudo alcanzar un grado tal de eficiencia con el tiempo. Teniendo en cuenta que son 27 jefes de delegación, nada más la ronda de palabra, a diez minutos cada uno, hace que las reuniones no puedan durar menos de tres o cuatro horas, por sencillas que parezcan. En este Consejo Europeo se han batido todos los récords. Desde el viernes por la mañana hasta el domingo por la noche encerrados en un edificio inmenso y semivacío tratando de llegar a un acuerdo sobre el presupuesto plurianual y los fondos de rescate. Todos sin excepción dicen compartir la necesidad de llegar a un acuerdo, pero no todos asumen que pare ello hacen falta concesiones en todas direcciones.

Fue la canciller alemana Angela Merkel la primera en advertir de que todas estas horas de reuniones en todas direcciones podían terminar en un fiasco. «No puedo decir si encontraremos una solución. Hay mucha buena voluntad, pero también hay muchas posiciones diferentes. Haré mi parte, pero también es posible que no haya hoy un resultado» dijo a su llegada al edificio Europa a primera hora de la mañana.

Después del mal ambiente con el que termino el sábado la última reunión, con un choque con el primer ministro holandés Mark Rutte, Merkel se había reunido en el hotel, antes de ir a dormir, con la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y con el primer ministro italiano, Giusseppe Conte. Por la mañana, el presidente del Consejo, Charles Michel, había convocado para un desayuno a la canciller Merkel, al presidente francés, Emmanuel Macron, y a Von der Leyen a un desayuno que se prolongó durante varias horas, porque la idea era la de preparar una nueva propuesta que solamente se desvelaría en caso de que hubiera posibilidades de que fuese aceptada por todos. En ese trabajo se engarzó Michel con otra vez reuniones con todas las combinaciones posibles de «frugales», del sur, del este o los indiferentes. El caso es que de poner como objetivo reunirse todos a partir de las 12 se pasó a un intento de hacerlo a las 4, luego a las 4 y media y al final no fue sino a las 8 cuando se volvieron a ver todos juntos, aunque en este caso parece que estaban más interesados por la cena, que era el verdadero objetivo, que por el contenido de las reuniones, que seguían dando vueltas en torno a los mismos puntos de discusión: los países más reticentes que se llaman a sí mismo «frugales» capitaneados por Holanda, junto a Austria, Dinamarca, Suecia y Finlandia, quieren reducir en 50.000 millones la cuenta de lo que se quiere dedicar a las subvenciones directas a los países más afectados por las consecuencias de la pandemia. También quieren una reducción similar del presupuesto comunitario, y garantías de que los países del sur harán reformas específicas para hacer que sus economías sean más competitivas y los del este, en concreto Polonia y Hungría, abandonen la peligrosa deriva «ademocrática» que se ha constatado en los últimos años.

Macron ya había dicho al llegar que el compromiso «es posible, pero no debe hacerse a costa de la ambición» de un fondo de reconstrucción «realmente ambicioso».

El primer ministro de Eslovenia, Janez Jansa, contraatacó en plenas negociaciones con un tuit en el que recordaba cual es la esencia de la cuestión en la que todos han estado discutiendo sin parar durante días. «La UE se creó bajo el supuesto de que todos pueden confiar entre sí para cooperar de buena fe. Este tipo de confianza es la razón por la cual los países han abierto sus fronteras y sus mercados y han creado un mercado único. Sus beneficios superan en gran medida el costo de contribuir al presupuesto europeo».

La coletilla venía acompañada de una estadística en la que figuran los países que más se benefician de su pertenencia al mercado europeo y entre los que -evidentemente- están en cabeza todos los «frugales» sin excepción, con una proporción superior a la media entre los inmensos beneficios que reciben sus ciudadanos y el precio de su contribución al presupuesto comunitario. La estadística está encabezada por Luxemburgo, lo cual explicaría por qué su primer ministro Xavier Bettel, decidió sencillamente ausentarse por unas horas para viajar a su capital (a 200 kilómetros de Bruselas) con el compromiso de que regresaría de madrugada.

En ese ambiente pesado y viciado, la última novedad que llegó desde el exterior fue un mensaje de la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde. El presidente del BCE participa normalmente en ciertas partes de los Consejos Europeos, pero Lagarde no ha venido a este que tiene un carácter tan excepcional. Su mensaje fue todo lo claro que podía ser en estas circunstancias: «Sería preferible pactar un fondo de recuperación más ambicioso, a la altura de la propuesta de la Comisión, aunque para ello se necesite algo más de tiempo».

Que la jefa del banco emisor dé su opinión públicamente en un momento como este es probablemente un hecho que no se había producido en los anales del Consejo. Tal vez fue porque considera que estamos en una situación igualmente excepcional.

Presiones de Lagarde

La posición de Lagarde está mucho más cerca de la de Francia y Alemania que de la de Holanda y los «frugales», entre los que figuran dos (Suecia y Dinamarca) que ni siquiera usan el euro y que se resisten a adoptarlo como gatos panza arriba a pesar de las presiones de Bruselas.

La alternativa sería una nueva reunión el 30 de julio, y de hecho los servicios del Consejos ya empezaron ayer tarde a trabajar con esa posibilidad, si los presidentes y primeros ministros tienen que volver a sus capitales hoy lunes. Pero por lo que respecta a romper todos los récords, una cumbre con tres noches de hotel, la del viernes al sábado, la del sábado al domingo y la del domingo al lunes, será por ahora el récord absoluto.

ABC – 20 de julio 2020