Celsa: “Si el precio de la energía es inasumible, no podemos ser competitivos”

Francesc Rubiralta, presidente de la siderúrgica, nos habla sobre la dificultad de mantener una posición competitiva en España y sobre su último proyecto: el tren de Celsa France

Su abuelo tenía una pequeña ferretería; su padre quiso ser productor de acero, y tras la compra de un viejo tren en Dinamarca a punto de ser convertido en chatarra, nació Celsa Group. De compañía local, pasó a convertirse en el segundo fabricante de productos largos de acero de Europa. Ahora, dos generaciones más tarde, con Francesc Rubiralta a los mandos de la empresa familiar, el grupo de acero español se esfuerza en seguir consolidando su posición en el mercado europeo con una de sus últimas inversiones estrella en marcha: la construcción de un tren de laminación en su planta de Celsa France -filial del grupo-, que situará a la compañía como el mayor del sur de Francia.

Este proyecto, cuya inversión se sitúa en 60 millones de euros, encaja en uno de los principales objetivos del plan estratégico de Celsa para los próximos cinco años, permitiendo a la empresa ahorrar costes de transporte, ser más eficiente desde el punto de vista energético y atacar el mercado francés y el de Benelux -unión aduanera y económica de Bélgica, Países Bajos y Luxemburgo-: “Queremos ser lo más competitivos posibles. Vivimos en una industria en la que el precio es determinante, por lo que tenemos que reducir los costes al mínimo posible”, afirmó Rubiralta en una entrevista realizada en el Foro de Alta Dirección Horizonte 2030 organizado por El Confidencial y PwC.

En este sentido, Rubiralta subrayó que mantener una posición competitiva en España es complicado por los costes de la energía eléctrica. Para Celsa, este gasto supone un 25% del coste de producción, sin tener en cuenta la materia prima, que representa el 65% del coste total. Con relación a otros países de la Unión Europea y con datos de 2019, “Francia y Alemania han gozado de precios para el consumidor electrointensivo de 35 euros/megavatio, todo incluido, mientras que nosotros hemos pagado durante el mismo año casi 50 euros”, lamentó Rubiralta.

Los alicientes para los grandes consumidores industriales también han sufrido un fuerte descenso en los últimos años. De hecho, patronales, sindicatos y las propias industrias ya han alertado de que la reducción de los ingresos por interrumpibilidad -retribución a los grandes consumidores a través de subastas por reducir su consumo de energía en caso de que el sistema eléctrico lo requiera- causará un daño al sector que podrá derivar en el cierre de plantas, como ya se han dado casos. Pero “nosotros no somos una multinacional, nosotros estamos aquí, y lucharemos para seguir teniendo actividad en España”, explicó.

Es bueno que el mundo apueste por el libre comercio como herramienta global para potenciar el crecimiento

Qué va a hacer el Gobierno en materia de energía eléctrica es todavía una gran pregunta por resolver. A la espera del impulso definitivo al estatuto de la industria electrointensiva, “estamos expectantes por ver realmente qué medidas acaban aflorando y cuáles son aquellas de las que podemos beneficiarnos para ser tan competitivos como Francia y Alemania”. En todo caso, “para estar preparados”, Celsa está negociando en todas sus plantas expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE). “Si de repente el precio de la energía eléctrica es inasumible y nos saca del mercado, tendremos que tomar este tipo de decisiones”.

En relación con la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) para este 2020, Rubiralta aclaró que “el sueldo medio de nuestra industria está muy por encima del medio español, por lo que esto no nos afectará”.

Medidas arancelarias y Brexit

¿Volverá la guerra de EE. UU. y China? ¿Qué se espera del mercado en los próximos años? En opinión del presidente de Celsa, “es bueno que el mundo apueste por el libre comercio y que se trabaje en él como herramienta global para potenciar el crecimiento, porque a nosotros, con las medidas arancelarias, se nos han cerrado muchas puertas”. En este sentido, Rubiralta considera que los últimos acercamientos entre EE. UU. y China son un buen paso al frente, y apuesta por navegar todos en el mismo sentido: “Lo que creo que no es bueno es que todos vayan en una dirección y Europa vaya en otra”.

En referencia al resto de países europeos, las constantes huelgas en Francia están causando problemas en las exportaciones del grupo. Respecto a la salida de Reino Unido de la Unión Europea (UE), “ni el propio gobierno británico sabe qué va a pasar si hay un Brexit duro. Aun así, como todas las empresas, tenemos nuestros planes”. Si esto pasara, “lo peor que puede suceder es que desaparezcan las medidas de salvaguarda que puso la UE para proteger el acero europeo”, pero “la perspectiva que manejamos es que será un Brexit blando y habrá un par de años para prepararse”.

Compromiso medioambiental

Los grandes objetivos de Celsa también pasan por el aumento de su gama de productos de mayor valor añadido como la integración “aguas arriba y aguas abajo”, que supone la entrada de la empresa en el ciclo completo de producción, y el impulso de la economía circular. Así, el 98% de su materia prima es reciclado, el 100% de su producto es reciclable de forma permanente y el 95% de lo que produce como subproducto para la elaboración de acero también es reciclado. Respecto a las emisiones de CO2, “estamos entre las 10 empresas siderúrgicas que menos emisiones realizan en cuanto a huella de carbono, sumando emisiones directas e indirectas”, explicó.

Celsa recicla ocho millones de toneladas anualmente. En este contexto, el grupo se ha propuesto que, en 2025, “ese 95% de subproductos pase al 100%, es decir, que nuestro residuo sea cero, y que al menos en 2030 hayamos reducido un 30% las emisiones de CO2, directas e indirectas”.

La captación de talento es otro de los grandes intereses del grupo. “Aspiramos a que cualquier persona que trabaje en Celsa pueda dar su mejor versión. Para conseguir esto tenemos cuatro pilares. El primero es atraer el talento. Después está la selección, en la que las capacidades de la persona son tan importantes como el hecho de que se identifique con los valores de la empresa. El tercero es el desarrollo, queremos dar herramientas de formación para alcanzar el pleno rendimiento de nuestros trabajadores. Y el cuarto es el compromiso”.

En la entrevista también se pusieron sobre la mesa temas como el retorno y el valor de las empresas familiares. En opinión de Rubiralta, “este tipo de compañía aporta cosas que las cotizadas no aportan. Hay muchos estudios que demuestran que, a largo plazo, el retorno es superior”. Celsa lo relaciona con el hecho de que la empresa familiar “es de capital paciente”. Además, según él, priman los valores que definen la cultura del grupo, y ante situaciones complicadas, “el cierre siempre es el último recurso”. En relación con la digitalización empresarial y la aplicación de las nuevas tecnologías, el presidente de Celsa Group, afirmó que antes innovaban de forma esporádica, pero desde hace cuatro años apuestan por ello como uno de sus ejes principales, innovando a través de los procesos, la sostenibilidad y el producto. Un estudio reciente de PwC afirma que el 89% de las futuras generaciones de empresarios familiares españoles creen que donde pueden añadir más valor a sus compañías es en el ámbito digital.

El grupo Celsa facturó 4.200 millones de euros en 2018 y cuenta con 33.000 empleados (directos e indirectos). Para el próximo año, la empresa espera poder superar esos retos que se presentan en el camino y que la incertidumbre actual relacionada con las actuaciones de la Administración acabe lo antes posible. En general, “los gobiernos tienen muy buenas palabras e intenciones, pero, lamentablemente, los hechos no acompañan. Llevo casi 10 años en este puesto y siempre me he encontrado lo mismo”, concluyó.

El Confidencial – 20 de enero 2020