Industrias en peligro de electrocución

La falta de un marco estable de incentivos eléctricos pone en jaque más de 2.000 empleos en Galicia; en Ferroatlántica y en Celsa hablan ya de rebajas salariales y de ERE

Alcoa lanzó las primeras bengalas de socorro. El elevado precio de la electricidad en España, combinado con los menguantes incentivos públicos para enfriar esos costes de producción, ahogaba la renqueante rentabilidad de sus fábricas de aluminio primario de A Coruña y Avilés. De hecho, tras varios años en pérdidas, la multinacional decidió cerrarlas, primero, y luego venderlas. Ambas plantas están en funcionamiento, en manos de un fondo de inversión suizo, pero sus cubas de electrolisis, en las que elaboraba el metal, cumplirán en febrero un año apagadas, a la espera de tiempos eléctricos más prósperos. Ahora no lo son. Ni para Alcoa ni para el resto de las empresas agrupadas en torno al rimbombante adjetivo electrointensivas, esto es, que consumen ingentes cantidades de energía en sus procesos productivos.

A ese negocio se dedican solo en Galicia seis grandes fábricas, que suman una plantilla directa que supera los 2.000 operarios. Están concentradas en el noroeste de la comunidad, principalmente en A Coruña, y están pasando apuros. En muchas de ellas se habla ya de expedientes de regulación de empleo, de bajada de sueldos…

Los trabajadores del sector aguardan como agua de mayo el milagro que los saque del pozo: el estatuto del consumidor electrointensivo, un documento con medidas de apoyo a ese tipo de industrias y, sobre todo, un marco estable en el que moverse, después de años de inseguridad. Pero ese salvavidas lo prometió el Gobierno socialista en diciembre del 2018 y hasta hoy. Las plantillas tienen todas las esperanzas puestas en el nuevo Ejecutivo de coalición. Para meter prisa, de hecho, los principales sindicatos han convocado una manifestación del sector nacional al completo para el día 22 en Madrid. Los electrointensivos no pueden (quieren) esperar más.

Pero, ¿cuál es la situación en algunas de esas fábricas? 

Alcoa (San Cibrao)

Las fábricas, en pérdidas. Tras vender A Coruña y Avilés, Alcoa mantiene en Galicia (y España) el complejo industrial de San Cibrao. Está compuesto por una fábrica de aluminio, con más de 600 operarios; y otra de alúmina, con cerca de 500, más unos 600 de empresas auxiliares. La primera cerró el 2019 con 63 millones de pérdidas (en el 2018 fueron 48) y para este 2020 prevé que sean 66 millones. La de alúmina obtuvo 46 millones de beneficio el año pasado, pero para este incurrirá en 16 millones en rojo. Son datos facilitados ayer por el presidente de Alcoa, Álvaro Dorado, al comité de San Cibrao. La multinacional ha encendido el farolillo rojo sobre la planta de aluminio, aunque todavía no ha tomado ninguna decisión, según la empresa. Aguarda un gesto del Gobierno en forma de estatuto para el sector. Pero en agosto ya paró 32 cubas (de 515 en total) y redujo la producción un 11 %.

Celsa (A Laracha)

Un ERE temporal a la vista. La fábrica de hierro y de alambrón para la construcción de A Laracha, con 150 trabajadores, no consiguió incentivo alguno en la última subasta de interrumpibilidad, según explica Agustín Méndez, presidente del comité de empresa. Y la dirección de la planta ya les ha comunicado que tiene previsto negociar la aplicación de un expediente de regulación de empleo (ERE) temporal para la totalidad de la plantilla, a fin de reducir la producción un 20 %. Méndez aclara que las empresas que se benefician de los incentivos de la subasta tienen unas obligaciones de consumo, pero si se quedan sin ellos, están liberadas de cualquier compromiso. Celsa les ha avanzado que atenderán solo los pedidos que les resulten rentables. La fábrica de A Laracha vivió dos ERE recientemente, en el 2009 y en el 2013, que les costaron el puesto a una treintena de operarios. «A industria pesada ten uns gastos descomunais e precisa do apoio dos Gobernos (central e autonómico) para afrontar cambios», resume Méndez.

Ferroatlántica (CeeDumbría)

Revisión de las previsiones. Las fábricas de ferrosilicio, silicomanganeso, microsílice y pasta soderberg de Cee y Dumbría, que conforman un solo complejo que da empleo directo a 272 operarios, están en manos de un fondo estadounidense desde el verano, aunque conserva aún el nombre del grupo al que pertenecían. La nueva dirección no tiene previstas medidas de ahorro para afrontar el recorte de incentivos eléctricos, que le ha restado competitividad, aunque sí avanzó que revisará sus previsiones de producción para este año.

Ferroatlántica (Arteixo)

Recortes salariales sobre la mesa. La única fábrica gallega en manos de Ferroglobe está en Arteixo, cuenta con 122 empleados y elabora silicio metalúrgico. Dispone de tres hornos, pero uno está parado desde diciembre del 2018. Otro también lo está, pero este mes y por mantenimiento. Sobre la plantilla pesa un ERE temporal pactado hace un año, pero en suspenso. Ahora, la dirección se ha descolgado del convenio colectivo y del acuerdo marco que recogía un alza salarial del 2,5 % para este 2020. No solo no pretende actualizar los sueldos, sino que quiere recortarlos. La propuesta es hacerlo un 15 %, aunque el comité peleará para que no sea así durante las negociaciones en marcha. Alberto Ferreiro, presidente de ese órgano, y Francisco Blanco, portavoz del mismo, explican que la planta de Arteixo debe competir con las cinco que posee el mismo grupo en Francia, y allí, recuerda, el megavatio hora es diez euros más barato que en España. Los trabajadores confían en que el estatuto para la industria llegue a tiempo para desactivar las medidas de ahorro y también que plantee actuaciones que al menos proporcionen estabilidad regulatoria.

Megasa (Narón)

Turnos nocturnos. Megasa, con 130 empleados, funde chatarra para elaborar largos para la construcción, un proceso que precisa un importante consumo eléctrico. Carlos Bascoy, presidente del comité de empresa, explica que, tradicionalmente, los dos primeros meses del año se mantiene un ritmo bajo de producción como método para ahorrar costes, pues enero y febrero suelen arrojar precios energéticos más altos. Así que ya llevan unos años trabajando en turnos nocturnos, entre la medianoche y las ocho de la mañana (las horas más baratas), en esa temporada. A partir de marzo, vuelta a la normalidad, aunque Bascoy avanza que la incertidumbre planea en el horizonte, por el precio de la electricidad, pero también por la situación del mercado metalúrgico. Megasa vivió un ERE en el 2015 que dejó 40 huecos vacíos en la fábrica. «Se aplicó por un conjunto de factores, entre ellos, la electricidad», recuerda el presidente del comité. Bascoy aguarda que el estatuto específico del sector dé estabilidad, aunque teme llevarse con él una desilusión porque «las expectativas son tan altas…». Desde luego, está convencido de que, si las industrias españolas siguen pagando más por la electricidad que las francesas o las alemanas, «las empresas van a empezar a tomar decisiones».

La Voz de Galicia – 14 de enero 2020