Arcelor alerta de que la situación «dramática» de la siderurgia europea continuará en 2020

La dirección advierte a los sindicatos de que si el mercado no mejora resultará difícil que el tren de alambrón gijonés vuelva a ser competitivo

La dirección europea de Arcelor pintó ayer un paisaje muy sombrío de cara a los próximos meses. La situación actual de la siderurgia en el viejo continente es «dramática debido al hundimiento de los mercados por unos precios que no dejan de caer». Así se los transmitieron los representantes de la multinacional al comité de empresa europeo en una reunión celebrada en Luxemburgo, según indicaron fuentes sindicales. Y las perspectivas para el año que viene no incitan al optimismo. Las previsiones que maneja Arcelor para el primer semestre de 2020 apuntan a una coyuntura aciaga, mientras que la segunda mitad del ejercicio se avista con mucha incertidumbre. Una tendencia que sorprende negativamente a la propia multinacional por la rapidez con la que han cambiado las tornas después de los buenos resultados cosechados en 2018, a los que también contribuyeron las plantas asturianas. De hecho, el tren de alambrón registró un récord de producción al cierre del pasado año, lo que permitió a la factoría gijonesa alcanzar unas cifras muy favorables.

Pero las circunstancias actuales de estas instalaciones de la línea de largos son muy diferentes. Tanto es así que los responsables de Arcelor en Asturias han llegado a asegurar que se encuentran «al borde del cierre». Aunque el consejero delegado de ArcelorMittal Europa-Productos Largos y vicepresidente de la compañía, Augustine Kochuparampil, no acudió a la reunión con el comité de empresa europeo, sí se trató esta problemática en Luxemburgo. Según explicaron fuentes sindicales, la siderúrgica trasladó a los representantes de los trabajadores que, «si la situación del tren de alambrón se prolonga muchos meses más, será muy difícil que vuelva a ser competitivo». Para intentar salvar la actividad, Arcelor y los sindicatos negocian un ajuste en la producción. En concreto, la supresión de uno de los cinco equipos de trabajo, lo que conlleva la eliminación de entre 23 y 25 puestos de trabajo.

Las conversaciones se desarrollarán hasta el día 30, con el objetivo de recolocar a esos empleados en otras actividades y organizar un calendario laboral que satisfaga a ambas partes. En contra del tren de alambrón juega el aumento del precio del mineral de hierro y el desplome del correspondiente a los bienes acabados. Dificultades comunes al resto de instalaciones europeas que elaboran estos productos, tal como quedó ayer patente en el encuentro. No obstante, el grueso de las líneas encara complicaciones. Uno de los reveses más duros para Arcelor es la caída de la fabricación de vehículos en Europa, que el año pasado supuso un recorte en la producción de alrededor de diez millones de unidades, según la información puesta sobre la mesa en el encuentro entre empresa y sindicatos.

Aumento de las paradas

Las importaciones de acero turco, que llega a Europa en exceso debido a la guerra comercial que mantienen Estados Unidos y China y salpica al resto del mundo, también es un gran escollo. Unido al aumento del precio de los derechos de emisión de CO2 y al resto de factores, provoca pérdidas que Arcelor no considera asumibles. «Cuanto más producimos, más perdemos», subrayaron los responsables de Arcelor en Europa al comité.

Así las cosas, son varias las amenazas que se ciernen sobre las plantas del viejo continente, que desde septiembre han aumentado las paradas, entre ellas las asturianas. Sin ir más lejos, esta misma semana a casi 2.000 trabajadores se les ha aplicado el expediente de regulación temporal de empleo (ERTE) vigente hasta el 31 de diciembre de 2020.

El Comercio – 18 de octubre 2019