Las cementeras alertan de la competencia turca y se unen a la exigencia del arancel ambiental

Masaveu y ArcelorMittal ven imprescindible desarrollar la captura y almacenamiento de CO2 para los objetivos de reducción de emisiones

El acero y el cemento que se fabrican en Asturias tienen un adversario comercial común: las producciones de fabricantes turcos, con costes laborales y energéticos más bajos y sujetos a regulaciones ambientales menos estrictas. Corporación Masaveu, propietaria de las cementeras de Aboño y Tudela Veguín, demanda por ello, al igual que ArcelorMittal, la creación en la UE de un “ajuste fiscal en frontera” o “arancel ambiental” para evitar cierres y deslocalizaciones.

Fernando Fernández Tresguerres, responsable de Energía y Medio Ambiente en la filial industrial de Masaveu, expuso ayer, durante unas jornadas organizada en Oviedo por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y por la Cámara de Comercio de Oviedo, que el sector cementero europeo está en riesgo de sufrir notables recortes de producción y capacidad si no se toman medidas para que los fabricantes de la UE y los extracomunitarios compitan en igualdad de condiciones. “No podemos jugar un partido teniendo un pie atado unos y otros no”, explicó en referencia a lo que puede ocurrir principalmente a partir de 2021: el endurecimiento del comercio de CO2 (instrumento de mercado creado por la UE para impulsar la descarbonización) reducirá en una alta proporción los derechos gratuitos que ahora reciben las cementeras, al igual que las siderúrgicas y otras plantas industriales; ello puede disparar los costes de producción y sacar del mercado a los fabricantes europeos.

Con la tecnología disponible, detalló Tresguerres, fabricar una tonelada de clínker (producto base del cemento) genera 0,8 toneladas de CO2; siendo el coste de las emisiones de 24 euros por tonelada (cotización de ayer), resulta inviable aplicarlo sobre el precio de un producto que en el mercado se vende a 30 euros por tonelada. Por ahora, las cementeras disponen de derechos gratuitos suficientes para cubrir sus producciones, pero no para aumentarlas, remarcó el directivo de Masaveu. Entre tanto, el cemento turco, no sujeto a tales condicionantes ambientales, está ganando terreno: “Desde 2011, la producción europea bajó en 50 millones de toneladas, curiosamente la misma cantidad en que aumentó la de Turquía”, afirmó Tresguerres.

El directivo subrayó también que el objetivo de reducir drásticamente las emisiones de CO2 en 2050 sólo es practicable para la industria cementera si se desarrollan las tecnologías de captura y almacenamiento. ArcelorMittal comparte ese criterio. Rocío Llera, investigadora del centro de I+D de la multinacional en Asturias, explicó en la misma jornada qué estrategia está siguiendo el grupo siderúrgico a nivel global para conseguir el objetivo de reducir en un 80% las emisiones de la fabricación de acero en el plazo de treinta años. “ArcelorMittal ha hecho una apuesta estratégica por la I+D” para afronta ese reto, dijo Llera. Y enumeró los principales caminos científicos que está explorando la compañía: sustitución del carbón por hidrógeno, aprovechamiento de gases del proceso siderúrgico, uso de biomasa, electrolisis directa del acero, captura y almacenamiento de CO2… “Necesitaremos tecnologías rupturistas”, resumió.

La Nueva España – 4 de octubre 2019