Bruselas advierte sobre la deuda y la temporalidad en España y reprocha que la política impida las reformas

Las finanzas públicas europeas han mejorado de norte a sur y de este a oeste. El crecimiento acumula trimestres y trimestres consecutivos en la Eurozona, el empleo está en máximos y el desempleo en mínimos. Y sin embargo, ni todo marcha como se querría ni los países europeos están lo saneados que deberían. Esa es la conclusión del llamado Paquete de Invierno del Semestre Europeo, el informe publicado este miércoles por la Comisión Europea en el que se evalúan las economías de los Estados Miembros a la luz de las recomendaciones específicas entregadas el año pasado.

Tras una revisión en profundidad lanzada el pasado noviembre, la UE considera que “Alemania, Francia, España, Países Bajos, Suecia, Portugal, Bulgaria, Croacia y Rumanía “presentan desequilibrios económicos”, y que los de Grecia, Chipre e Italia son “excesivos”. Hay problemas con la productividad, con el envejecimiento de la población, el cambio tecnológico y su impacto en el mercado laboral. Y los ingresos reales de los hogares siguen por debajo de los niveles anteriores a 2008. “La economía europea vive su séptimo años consecutivo de expansión, pero el crecimiento se ralentiza. Para mantener el momento serán necesarios mayores niveles de competitividad y convergencia. Para desbloquear el crecimiento potencial completo de nuestras economías necesitamos reformas estructurales e inversión bien enfocada”, ha asegurado este miércoles el vicepresidente comunitario, Valdis Dombrovskis, tras la reunión semanal del Colegio de Comisarios de la UE.

En el caso de España, el dictamen es bastante claro: hay desequilibrios, la inestabilidad política está impidiendo las reformas pendientes y el Gobierno (los gobiernos) se resisten a hacer mejoras básicas que tendrían un impacto inmediato y positivo. “Las restricciones y la fragmentación de la regulación dentro de España, impide que las empresas se beneficien de economías de escala. Una implementación más decisiva de la Ley de Unidad de Mercado y la eliminación de restricciones identificadas para servicios profesionales mejoraría las oportunidades de crecimiento y la competencia en muchos sectores de servicios. La gran presencia de pymes en la economía también explica la brecha de productividad de España, ya que su productividad se queda muy por debajo de la de las empresas más grandes”, critica el informe.

El balance de nuestro país está todo lleno de claros y oscuros. Mejoramos, pero ha hecho poco caso de las recomendaciones concretas que Bruselas dio hace unos meses. Presenta un cuadro con “fuerte crecimiento y rápida creación de empleo, pero con desafíos. Ha reducido deuda, “pero ésta sigue siendo una fuente de vulnerabilidad”. El desempleo cae velozmente llevando a una caída leve de la pobreza y la exclusión social”, y sin embargo “demasiada gente sigue sin trabajo, con contratos temporales y la desigualdad de ingresos es muy pronunciada”.

La historia de la recuperación española, en este análisis, es pues agridulce, marcada por los “impedimentos estructurales al libre flujo de recursos productivos”, desde una baja innovación a la regulación del mercado de servicios”. Por no hablar de “un contexto político que no ha evolucionado en el pasado año, con un cambio de Gobierno en junio de 2018 y unas elecciones previstas para abril de 2019, que se han traducido en un lento progreso en las reformas” pendientes.

La Comisión lamenta esa falta de voluntad política y que el país no aproveche el potencial, por su propio interés y el de toda la UE. “Debido a su tamaño, el impacto positivo de reformas económicas en España tiene el potencial de extenderse a otros países. Nuestras simulaciones muestran que retirar de forma ambiciosa barreras a la regulación del mercado, ayudar a los parados o a las personas inactivas a encontrar empleo y tener una estructura fiscal que impulse el crecimiento, así como lanzar el I+D, tendría un efecto pequeño pero positivo en la Eurozona”.

Bruselas ve algunos elementos tranquilizadores, como que “la reducción de la deuda para el sector privado también avanzó, gracias al sólido crecimiento nominal” o que “el índice de morosidad ha disminuido aún más”, así como el hecho de que la deuda pública haya caído ligeramente y la previsión de que al caer el déficit, poco a poco, se mantenga la senda. “Aun así, se necesitarán más esfuerzos para llevar las finanzas públicas a un camino más sostenible”, concluyen los expertos.

Analizando las acciones del último ejercicio, Bruselas lamenta que “implementación de medidas políticas para aumentar el crecimiento potencial ha sido lenta” y saca su libreta para poner un necesita mejorar en tres categorías que desde hace una década están siempre en rojo en los exámenes comunitarios. “Sigue habiendo desafíos, en particular con respecto a la segmentación del mercado laboral, la [falta de] investigación y la innovación, y la regulación empresarial, en especial para los servicios”, dice el papel.

Si bien el crecimiento económico sigue siendo sólido, apuntan, “el gran stock de deuda externa e interna, tanto pública como privada, continúa constituyendo vulnerabilidades en un contexto de desempleo aún alto”, explica el documento publicado hoy. Los técnicos de la Comisión estiman que “el reequilibrio en el sector externo ha continuado incluso a pesar de que superávit por cuenta corriente se debilitó en 2018”, en especial “reflejando factores vinculados al entorno global”. Pero avisan de que “serán necesarios superávits por cuenta corriente sostenidos durante un período prolongado de tiempo para llevar los pasivos externos netos a niveles prudentes”.

El informe forma parte del llamado Semestre Europeo, el ciclo de coordinación de las políticas económicas y presupuestarias dentro de la UE. Hay un calendario durante el que los Estados Miembros reciben primero asesoramiento, después presentan los Planes Nacionales de Reformas y los Programas de Estabilidad. Estos se evalúan y Bruselas hace recomendaciones específicas por país, que deben ser tenidas en cuenta para hacer los Presupuestos del año siguiente.

El Paquete de Invierno hecho público hoy ofrece un examen muy pormenorizado de la situación de cada país, pero no tiene el mismo peso específico que las recomendaciones específicas o la evaluación de los Presupuestos nacionales. Esto es una foto en un determinado momento, un análisis de fortalezas y debilidades. No sólo coyunturales, sino estructurales. Pensado no sólo para correcciones fiscales, sino para el conjunto de la Economía nacional.

En particular, la Comisión muestra su preocupación por la parte más social. Tras casi una década de crisis, las debilidades llegaron hasta los cimientos más profundos, macroeconómicos, laborales y personales. El informe concede que de la mano de la creación de empleo hay una “leve caída de la pobreza y la exclusión social”, pero advierte de que hay todavía un número demasiado elevado de personas “sin trabajo con contratos laborales temporales”, lo que genera que “la desigualdad en los ingresos sigue siendo pronunciada”.

Y entre las áreas en las que denuncia muy pocos progresos se encuentran las habituales: la ley de unidad del mercado, los fondos para la I+D, la cooperación entre universidad y empresas que “sigue siendo débil” y las “diferencias regionales en resultados educativos”, que persisten. Igualmente, la Comisión vuelve a cargar contra los programas de asistencia a parados, pues hay grandes diferencias entre comunidades autónomas y se ha comprobado “poca mejora en la ayuda las familias, en especial las más necesitadas”.

Desde el punto de vista geográfico, climático o demográfico, el escenario tampoco es prometedor. España se enfrenta a desafíos específicos de cohesión territorial, como la despoblación y el envejecimiento en las áreas rurales por un lado, y a la presión demográfica en algunas áreas urbanas por el otro. Ciertas áreas de España se encuentran entre las más expuestas a cambios climáticos en Europa y existen importantes desafíos en la gestión del agua y las aguas residuales”

El Mundo – 27 de febrero 2019