Los gráficos que demuestran que España no ha salido todavía de la crisis

Aunque el PIB está ya en máximos históricos, el mercado laboral está muy lejos de los registros de 2007. No solo hay menos ocupados, sino que la precariedad se ha multiplicado

A pesar del fuerte crecimiento económico de los últimos cinco años, del aumento de la contratación y de los beneficios empresariales, España todavía sigue inmersa en la crisis económica. Así se desprende de los datos del mercado laboral, que todavía están lejos de los niveles marcados antes del estallido de la burbuja inmobiliaria, hace ya 11 años. España alcanzó su pico de empleo en 2007, con 20,7 millones de trabajadores. Esta cifra todavía es una quimera hoy y la desaceleración de los últimos meses invita a pensar que probablemente no se recuperen esos registros en esta fase del ciclo expansivo.

En concreto, el número de ocupados en España a cierre de 2018 fue de 19,56 millones, lo que significa que desde 2007 se han perdido 1,15 millones de empleos. En este periodo, el PIB ha vuelto a niveles precrisis (en términos reales), lo que demuestra que la recuperación del mercado laboral sigue retrasada. Si el ritmo de creación de empleo de los próximos tres años se sitúa en torno a 450.000 ocupados nuevos al año, será necesario esperar hasta el verano de 2021 para recuperar los niveles de 2007 de ocupación.

Para analizar la situación del mercado laboral, emplearemos gráficos ‘de ida y vuelta’ que permitan comparar tres momentos: el pico previo a la crisis, el fondo de la recesión y el punto actual. Así se puede comparar qué parte del deterioro del mercado laboral se ha recuperado y cuánto queda por mejorar para volver a los niveles de 2007. La mejor noticia sobre la evolución del número de ocupados es que ahora hay más mujeres trabajando que nunca. La incorporación de la mujer al mercado laboral todavía sigue su curso, ya que se mantiene una gran brecha entre hombres y mujeres en cuestión de actividad, ocupación, salarios y precariedad. Pero la tendencia es la buena.

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Por el contrario, en el caso de los hombres, actualmente hay casi un millón y medio de ocupados menos que antes de la crisis. En este periodo, el sector que más ha sufrido es el de la construcción, donde los hombres eran la gran mayoría. Esto explica por qué hay tal diferencia de ocupación entre los dos sexos.

La tasa de paro acabó el año 2018 en el 14,45%, lo que significa que desde el máximo, alcanzado en 2013, el desempleo se ha reducido en 12,5 puntos. Esta tasa de paro se aproxima ya al nivel histórico de desempleo que ha tenido la economía española durante las últimas décadas, pero lo hace en una fase más adelantada del ciclo, lo que evidencia el retraso en la recuperación del empleo. Muy lejos quedan los máximos previos a la crisis, cuando España alcanzó una tasa de paro del 8,5%, un nivel que parece inalcanzable antes de que llegue la próxima recesión.

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Los claros perdedores de la crisis son los jóvenes, para quienes la recuperación está todavía muy lejos. La tasa de desempleo de los menores de 25 años cerró el año en el 33,54%, esto es, casi el doble de los niveles previos a la crisis.

La actividad en este segmento de la población ha caído con fuerza, principalmente porque los jóvenes optan por prolongar sus estudios y así mejorar su empleabilidad. Si todos los jóvenes que han pasado del desempleo a la inactividad siguiesen en el paro, la tasa de desempleo sería de nada menos que el 59%.

El problema de esta salida de la crisis es que todavía quedan importantes reductos de pobreza, tanto entre los trabajadores como, principalmente, entre los desempleados. Por ejemplo, la tasa de hogares con todos sus miembros en paro se ha reducido hasta el 7,86%, pero todavía sigue siendo el doble del nivel mínimo que se alcanzó en 2007.

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La recuperación del empleo ha tendido hacia la precarización, con la proliferación de los contratos a tiempo parcial. Esto es, personas que no trabajan las ocho horas de una jornada completa y, por tanto, tienen un salario inferior. La parcialidad es el gran problema de los trabajadores pobres, un concepto novedoso de esta crisis que hace referencia a aquellos asalariados que, aunque tengan un empleo, no llegan a fin de mes por la baja retribución que perciben.

A cierre de 2018 había 2,9 millones de trabajadores a tiempo parcial, el dato más alto de toda la serie histórica. La mayor parte de ellos, 1,5 millones, han aceptado un empleo parcial porque no consiguen encontrar un trabajo a tiempo completo. Este es el gran foco de precariedad del mercado laboral.

 

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Una de las noticias más positivas de esta recuperación es que los niveles de temporalidad se mantienen por debajo de los que se alcanzaron antes de la crisis. En esos años, el sector de la construcción era el gran núcleo de empleo temporal, pero cuando se vino abajo, los niveles de temporalidad cayeron significativamente. Antes de la crisis, el 31% de los asalariados tenía un empleo temporal, actualmente son el 27%, cuatro puntos menos.

 

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Esta brecha se ha ampliado significativamente desde 2007: en País Vasco, la tasa de desempleo se ha incrementado en 3,7 puntos porcentuales, mientras que en Extremadura se ha disparado en 8,31 puntos.

El Confidencial – 29 de enero 2019