2019, un año de turbulencias que amenazan a la economía de España

Los expertos alertan que las políticas del Gobierno intensificarán el frenazo en un clima que exige reformas estructurales

Problemas globales como el Brexit, la guerra comercial o el fin de los estímulos monetarios agravarán la desaceleración en 2019

Elena Salgado, ministra de Economía con Zapatero, acuñó el famoso término de los brotes verdes cuando la crisis acechaba para romper España. Ocurrió en 2009; un año que el país cerró con un retroceso del PIB del 3,6% y casi cuatro millones de parados. Diez años después, la recesión suena a pesadilla del pasado, a historia negra y lejana sin visos de repetirse en el presente. Finales de 2018, último Consejo de Ministros: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habló de que estamos en la «buena senda», cuando todos los expertos alertan de que la fase de expansión ha revertido su tendencia.

«Los fundamentos de nuestra economía siguen siendo sólidos. No se ha generado un desequilibrio que pueda dar lugar a un fin abrupto del crecimiento económico pero este se va a empezar a agotar», asegura María Jesús Fernández, economista sénior de Funcas. En 2015 España tocó techo con un alza del PIB del 3,4% y, desde entonces, la cifra no ha hecho más que ir a la baja; de hecho, 2017 fue el último año con crecimiento superior al 3%. Para el año anterior y el que está en marcha, las previsiones de consenso de los principales organismos e institutos económicos sitúan la cifra en un aumento del 2,6 y 2,2 por ciento respectivamente… gracias a las reformas tomadas bajo el mandato de Mariano Rajoy, tal como reconocen el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Comisión Europea y el Banco de España, entre otros.

Pese a todo, las expectativas de nuestro país continúan siendo más halagüeñas que las de los países de nuestro entorno. La desaceleración -dicen los expertos- es una realidad, pero nada hace prever una nueva recesión a corto plazo ya que el impulso de la economía se mantiene vigoroso y los vientos de cola persisten. Así, el Banco Central Europeo (BCE) prevé que la Eurozona crecerá en 2018 un 1,9% y un 1,7% en 2019.

Mercado laboral

Mientras Sánchez se arroga los éxitos del anterior Ejecutivo, el mercado de trabajo da síntomas de agotamiento. El año anterior el número de parados se redujo en un 6,17%, mientras que en 2017 lo hizo en un 7,84%. Todo ello sumado a que España mantiene todavía 3,2 millones de desempleados. La reducción prosigue a ritmo sostenido pero cada vez con menor fuerza, y se notará este ejercicio. José Ramón Pin Arboledas, profesor de IESE, alerta de un «menor crecimiento» del empleo, aunque reconoce que, gracias a la reforma laboral del Gobierno de Rajoy, continuará aumentando «algo por encima del 2%».

Caso distinto es lo que se avecina respecto a los costes por trabajador. El Ejecutivo subió antes del cambio de año el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a 900 euros, un alza del 22,3%, el mayor en democracia. Sus defensores alegan que se trata de una medida contra la precariedad laboral y para aumentar el nivel de vida de la población, pero, a día de hoy, cuenta con más detractores entre los expertos. «Provocará que se creen menos puestos de trabajo porque algunos se pensarán mucho si contratar a más personas», dice Pin Arboledas, para continuar con que «la subida va contra la productividad». Una tesis también mantenida por Almudena Semur, secretaria general del Instituto de Estudios Económicos (IEE): «Las subidas salariales ponen a las empresas a los pies de los caballos, ya que aumentan los costes empresariales». Incluso, va más allá y explica que uno de los efectos finales estará en el perjuicio que causará sobre la competitividad.

El Banco de España reclamó a Sánchez que no desmantele las reformas iniciadas por el anterior Gobierno que han relanzado el mercado laboral

Asimismo, desde el FMI se suman a reclamar al actual Gobierno más medidas para relanzar el mercado laboral, en lugar de plantear soluciones que no van en la línea de reducir el paro estructural español. «Hay que reimpulsar el programa de reformas estructurales diseñado para aumentar la eficacia de las políticas activas en el mercado laboral y reducir la segmentación del mercado de trabajo», decía el organismo en uno de sus últimos informes, en referencia a que Sánchez no entierre la reforma laboral como pretende. Y el Banco de España tampoco se queda atrás. Tanto a nivel institucional como en voz de su gobernador, Pablo Hernández de Cos, vienen reclamando a Sánchez que no desande lo andado. «Resulta oportuno mantener y reforzar los principales elementos del actual marco jurídico del mercado de trabajo que favorecen que el ajuste en este mercado sea compatible con una menor destrucción de empleo en fases recesivas», dijo el organismo.

La losa de la deuda

Más allá de factores cíclicos, la deuda pública continuará siendo en 2019 una de las principales preocupaciones. Una losa para la «buena senda» de la que habla el jefe del Ejecutivo. Las previsiones apuntan a que esta quedará en algo más del 97% del PIB en 2018 y que continuará reduciéndose en años venideros, pero sin grandes descensos. «Tenemos una vulnerabilidad muy grande que es el endeudamiento público. Nos va a costar mucho financiarnos y la política fiscal no tendrá margen de maniobra», explica Semur.

«En una situación de incertidumbre internacional, se dará una huída hacia activos de bajo riesgo (bono alemán). Nos puede llevar a hacer ajustes en el gasto público. La deuda nos hace muy vulnerables a estas situaciones. Teniendo una deuda y déficit altos, somos un país menos fiable en cuanto a solvencia, genera dudas sobre la sostenibilidad», asegura María Jesús Fernández, de Funcas. Mismo diagnóstico hacen desde la Comisión Europea y el FMI, que en reiteradas ocasiones han tirado de las orejas a España por no reducir el endeudamiento.

Unido a ello, los analistas ponen el foco sobre el fin de los estímulos monetarios del BCE. La institución termina con el dinero barato y se prevé una primera subida de tipos para mediados de 2019. «Puede producir algunas convulsiones en los mercados», avisa Fernández. Sin embargo, en este aspecto la unanimidad no es tal sobre el impacto que tendrá para España.

Diana Posada, analista de Afi, rebaja tensiones respecto al daño que hará a nuestro país la subida de tipos del BCE: «La política monetaria seguirá siendo bastante expansiva y no es algo que tengamos como un riesgo a vigilar; no será un cambio tan relevante para considerarlo como un efecto adverso». Aun así, todos coinciden en el valor que ha tenido el programa de compras en la recuperación española.

Fuentes financieras calculan que la política monetaria de la institución ha generado hasta finales de 2018 un impacto positivo de 2,9 puntos porcentuales sobre el PIB y de 2,1-2,2 puntos en el caso del déficit. Gasolina que España recibió con gusto, siempre después de la ya famosa frase de Mario Draghi, presidente del BCE, en la que aseguró que haría todo lo necesario para salvar el euro. Lo hizo comprando 2,5 billones de deuda y, ahora, tras finalizar ese programa, quedará un último empujón con la reinversión de los vencimientos, que ascenderán en 2019 a más de 200.000 millones en toda la Eurozona.

Las previsiones de consenso apuntan a una desaceleración de la economía tanto por factores internos como externos

Además, los expertos no cejan en su empeño de alertar sobre el riesgo que corre la corrección del déficit en caso de que España no tenga unos Presupuestos Generales del Estado creíbles. Bruselas fue el primero en alertar de que las previsiones de ingresos-gastos de Sánchez para 2019 no se ajustaban a la realidad y, de momento, las cuentas siguen en standby. El Gobierno cree que acabará en el 2,7% en 2018 y espera cerrar en el 1,8% este 2019. Muy lejos del 2,2 y 1,3% pactado con la Comisión Europea antes de la moción de censura a Rajoy.

Si bien España ha agotado ya los beneficios internos de la política del anterior Ejecutivo, la ralentización económica no obedece solo al fin del aliento cíclico sino que encuentra su razón de ser en factores externos comunes a toda la Unión Europea. Son varios, aunque con distinto impacto.

«Tenemos que estar pendientes de la evolución de los precios del petróleo, cómo se han moderado, y eso será un alivio para 2019 para los hogares y la capacidad exportadora», afirma Posada, de Afi. La realidad es que el barril de crudo tocó su máximo anual en 2018 en el mes de octubre en los 86,29 euros y, desde entonces, su evolución ha sido a la baja… para beneficio de familias y empresas. Pese a todo, los expertos alertan de que esta materia prima es impredecible y nadie se atreve a vaticinar cuál será su comportamiento este año recién estrenado.

ABC – 6 de enero 2019