Alcoa, Cemex, Vestas, La Naval, Gamesa… se oscurece el futuro de la industria española

Las recientes propuestas de empresas que pretenden ajustar con fuerza su plantilla en España ponen en jaque la economía de diversas localidades e intensifican el conflicto político

Los cierres de fábricas anunciados en las últimas semanas en España por parte de importantes empresas están dejando cada vez más patentes las dificultades que acarrea la industria en territorio nacional, sector de importancia crítica para la economía y capaz de fijar trabajo en zonas donde no existen alternativas claras.

Una complicación que amenaza con la destrucción de miles de empleos que añadir al mayor problema que sufre la economía española: el paro. Situación que cobra repercusión política de primer orden.

Los sindicatos en pie de guerra. Los barones territoriales y alcaldes mandando SOS a la puerta del ejecutivo central y tratando de salvar la situación —y su cabeza— a pocos meses de las elecciones autonómicas y municipales. Y mientras, el drama laboral —y vital— que presentó Fernando León de Aranoa con ‘Los lunes al sol’ hace 16 años sigue latente.

Esta semana ha sido la más negra en lo que va de año, con el anuncio de un plan de despidos de casi 900 empleos. Estos corresponden a los 686 que pretende finiquitar Alcoa en Galicia y Asturias y otros 200 que prevé amortizar Cemex en Almería y Baleares.

Hace pocas semanas Vestas decidía clausurar su planta de León y liquidar a casi 400 trabajadores al margen de otros 180 eventuales sin renovar. Meses antes había cerrado su fábrica de Tarragona, con el consiguiente ajuste de 44 empleados. Otro que está negociando el fin del contrato de sus 180 trabajadores es Construcciones Navales del Norte. La Naval de Sestao (Vizcaya) se encamina a la liquidación tras varios años de pérdidas.

Los cierres de fábricas anunciados en las últimas semanas en España por parte de importantes empresas están dejando cada vez más patentes las dificultades que acarrea la industria en territorio nacional, sector de importancia crítica para la economía y capaz de fijar trabajo en zonas donde no existen alternativas claras.

Una complicación que amenaza con la destrucción de miles de empleos que añadir al mayor problema que sufre la economía española: el paro. Situación que cobra repercusión política de primer orden.

Los sindicatos en pie de guerra. Los barones territoriales y alcaldes mandando SOS a la puerta del ejecutivo central y tratando de salvar la situación —y su cabeza— a pocos meses de las elecciones autonómicas y municipales. Y mientras, el drama laboral —y vital— que presentó Fernando León de Aranoa con ‘Los lunes al sol’ hace 16 años sigue latente.

Esta semana ha sido la más negra en lo que va de año, con el anuncio de un plan de despidos de casi 900 empleos. Estos corresponden a los 686 que pretende finiquitar Alcoa en Galicia y Asturias y otros 200 que prevé amortizar Cemex en Almería y Baleares.

Hace pocas semanas Vestas decidía clausurar su planta de León y liquidar a casi 400 trabajadores al margen de otros 180 eventuales sin renovar. Meses antes había cerrado su fábrica de Tarragona, con el consiguiente ajuste de 44 empleados. Otro que está negociando el fin del contrato de sus 180 trabajadores es Construcciones Navales del Norte. La Naval de Sestao (Vizcaya) se encamina a la liquidación tras varios años de pérdidas.

Expertos en el sector, académicos, altos responsables de industrias y representantes de trabajadores esgrimen una serie de factores como causantes del apagón industrial que está viviendo España tras 40.000 cierres en la última década.

Falta de valor añadido

En primer lugar, hay que tener en cuenta que en los últimos cierres se trata de industrias sin un alto valor añadido, con lo que existen infinidad de geografías con costes laborales menores que les permiten producir aluminio, palas de aerogenerador, cemento o buques. En España hay un caso paradigmático que es la industria vasca, que ha sabido hacer del I+D su bandera. Ahí están ejemplos como el de CAF, Gestamp o Cie Automotive, que cada vez son más grandes, capaces de exportar y de hacer importantes operaciones corporativas en el extranjero.

Nacionalidad

En segundo lugar, ponen de relieve el hecho de que la mayor parte de las empresas que han presentado los ERE son extranjeras. Ninguna de ellas cuenta con un apego geográfico por el país en el que producen. Se trata de multinacionales de Estados Unidos, México, Alemania o Dinamarca que en cuanto dejan de cuadrarle las cuentas optan por los recortes. Caso diferente es el de la Naval, aunque su liquidación fue solicitada tras no ser capaces de convencer a su último cliente, un armador holandés.

Competitividad

Otro factor a destacar es la falta de competitividad y la supervivencia a base de ese respirador artificial llamado ayudas públicas. Alcoa ha tomado la decisión de cerrar justo en el año en que ha visto mermadas las ayudas que recibía cada año vía factura de la luz. La firma estadounidense ha recibido más de 1.000 millones de euros en los últimos diez años. Pese a ello, la compañía asegura haber registrado pérdidas en las fábricas que quiere cerrar en los últimos años. El Gobierno le afeó la falta de inversión en las mismas.

La merma de ayudas vía factura ya fue criticada este año por AEGE, la asociación de industriales con altos consumos de energía y es que de esta dependen en gran medida compañías como Celsa, Arcelor, Ferroatlántica o Asturiana de Zinc, compañías con plantillas de miles de trabajadores.

Otro que anunció su cierre tras concluir el periodo obligatorio de mantenimiento de la actividad por haber sido perceptor de ayudas fue Vestas, que logró subvenciones tanto del gobierno autonómico como local para su factoría de León.

Alto coste energético

Hay otros elementos que no se pueden obviar en la caída de estas plantas. España lleva años siendo uno de los países con la energía más cara de Europa. A esto hay que añadir la intensificación de los costes energéticos que se ha producido en los últimos meses. No solo por lo que respecta a la electricidad sino a otras materias primas fundamentales como el gas o los combustibles fósiles. Cemex apuntó al coste del CO2 como elemento clave para sus cierres.

Globalización

Otro problema añadido con el que se encuentran estas industrias exportadoras es la disparidad normativa a nivel mundial. Así, mientras en España se ven sometidos a unos estándares laborales o medioambientales, otras grandes potencias como China, India o Estados Unidos no lo requieren, lo que supone una dificultad añadida de muy difícil resolución.

Este mismo año otra empresa extranjera como Opel, con plantas en diversas partes del mundo, amenazó con trasladar la producción de su fábrica de Zaragoza si los trabajadores no se plegaban al nuevo convenio que pretendía firmar la empresa. Tras la mediación del Gobierno de Aragón se logró para Figueruelas la construcción del nuevo Opel Corsa. Que estas empresas son capaces de condicionar al poder político por su capacidad de generar y destruir empleo es una evidencia. Este mismo lunes el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, visita la fábrica de Renault en Valladolid.

Empresas como La Naval se ven impedidas de competir con astilleros de otros países y no solo eso, tienen cerrado el acceso a ayudas públicas, como señaló el Gobierno Vasco, ya que contraviene la normativa europea.

Una consultora explica que aunque a largo plazo mantenerse a base de ayudas no es la solución, otros países como Francia o Alemania protegen su industria con diferentes dádivas capaces de sortear el control de Bruselas. El grupo de expertos nombrado por el ministro Álvaro Nadal proponía eliminar toda la fiscalidad verde de la industria exportadora precisamente para evitar la deslocalización.

Nuevos desincentivos políticos

A todo lo anterior hay quien cree que no ayudan las propuestas del actual gobierno de elevar el salario mínimo, aumentar la presión fiscal a los beneficios de las empresas o seguir recargando con impuestos medioambientales sus costes de producción. Sin olvidar factores como la automatización y robotización que hacen cada vez más prescindibles a los trabajadores sin cualificación.

Las fuentes consultadas explican que las soluciones no son fáciles ni pasan por el corto plazo, ya que un potente sector industrial capaz de producir bienes con valor añadido que no son fácilmente deslocalizables necesita de un esfuerzo conjunto de la sociedad para atraer inversión pública y privada y destinar recursos a la educación para promover los profesionales de este sector. Son muchas las empresas industriales en España que aseguran a El Confidencial tener serios problemas para captar talento de profesionales con determinadas capacidades, ya que estos encuentran oportunidades en otros sectores más pujantes actualmente.

Y el problema trasciende a lo económico. Sirva de ejemplo una de los principales slogan de campaña de Donald Trump: “Make America Great Again”. Una frase que resumía las intenciones del presidente por recuperar su industria muy lastrada por la deslocalización como dejó patente el declive de ciudades como Detroit. Otro claro ejemplo en esta línea es el Brexit o el nuevo gobierno de Italia.

Los populismos de corte nacionalista y proteccionista cada vez más presentes también en España buscan dar solución fácil a los complejos problemas de la política para imponerse al poder de las grandes multinacionales y su capacidad de deslocalización. El caldo de cultivo aumenta con el cierre de industrias.

Los cierres se han recrudecido este otoño, pero ya a principios de 2018 Siemens Gamesa decidía no volver a producir más en Miranda de Ebro, lo que le llevó a negociar el fin de su relación laboral con los 134 trabajadores de su planta burgalesa. Son 1.800 empleos a desaparecer, pero detrás hay otros miles que desaparecerán de forma indirecta. Y el horizonte no es para tirar cohetes, con empresas como Tubos Reunidos con serios problemas de continuidad que han abocado a la dimisión de su presidente esta misma semana.

El Confidencial – 22 de octubre 2018